jueves, 1 de mayo de 2014

Capítulo 1

Faltaban dos semanas para el comienzo del curso. Marta y Ángela todavía esperaban la llegada de una carta que cambiaría sus vidas para siempre. Como todas las mañanas, nada más despertarse, fueron a mirar cada una el buzón de su casa, siempre vacío. Pero hoy era diferente.

-¡Ángelaaaa!- gritó Marta en el teléfono.

-¡Martaaaaa!- respondía Ángela.

Y es que la carta que tanto tiempo llevaban esperando había llegado. Por fin, iban a poder cumplir su sueño, el sueño de ir a Londres, ir a un colegio inglés, todo eso, durante aquel curso. Iba a ser maravilloso. Lo mejor.

Ellas partirían a Londres una semana antes del comienzo del curso, es decir, en una semana desde aquel día. Debían tenerlo todo preparado.

Durante la siguiente semana, las chicas prepararon juntas su viaje, y al fin, llegó el esperado día. Se despidieron de sus padres en el aeropuerto, y, aguantando la emoción, vieron despegar el avión, con ellas dentro, rumbo a Londres. Su amado Londres.


-Llegamos- dijeron las chicas a la vez al notar el avión aterrizar.

A correr, bajaron del avión y recogieron sus maletas.

-Tenemos que buscar a alguien que tenga un cartel de Blue Notes School- informó Marta.

-A ver, que busco- dijo Ángela.

La joven paseó la mirada por el aeropuerto. Un robusto hombre sujetaba un cartel con el nombre de su colegio escrito en él.

-¡Ahí!- exclamó.

Las dos chicas corrieron hacia el hombre y dijeron sus nombres, después de que este les preguntara. Las llevó hasta un choche, donde guardaron el equipaje en el maletero, y a continuación, subieron en la parte de atrás. El hombre arrancó y comenzó a circular. Llegaron hasta Londres, atravesaron la ciudad y fueron de nuevo a las afueras. Tras un poco de carretera, las dos chicas pudieron ver un gran edificio, que parecía ser muy antiguo. Era su futuro colegio. Era todo de piedra, cuadrado, con un montón de ventanas. En el centro había un patio, con árboles y distintos arbustos con flores.

El coche frenó, y las chicas bajaron. El hombre les dio sus equipajes, les indicó que debían ir a secretaría, y se marchó. Las chicas tiraron como pudieron de sus maletas al interior del edificio. No había nadie. Pensaron que los alumnos debían estar disfrutando los últimos días de vacaciones.

Recorrieron los pasillos, con ventanales a un lado por los que entraba la luz. Al fin, vieron una puerta que ponía "secretaría" en un cartel colocado encima. Entraron. Dentro había una mujer sentada tras una mesa que recorría la sala de una pared a otra, dejando solo un hueco para entrar y salir. Las chicas se acercaron, y saludaron.

-¿Sois nuevas alumnas, no? Decidme vuestros nombres- dijo la mujer.

Las chicas dieron sus respectivos nombres y la mujer, tras teclear en el ordenador, se levantó y fue hacia un armarito colocado tras ella. De él sacó dos llaves, que les tendió a las chicas.

-Estas son las llaves de vuestras habitaciones- explicó. Tenía un acento inglés realmente marcado-. Están en la segunda planta, la de las chicas. La de los chicos es la tercera, haceros saber que está prohibido que las chicas vayan a las habitaciones de los chicos, y los chicos a las de las chicas. También que la cena es a las nueve de la noche en el comedor, en la planta baja. El desayuno se servirá de siete de la mañana a once los fines de semanas y de siete a ocho los días de clase. La comida será a las dos. Encontraréis vuestros horarios en las habitaciones, os recomiendo no retrasaros.

Las chicas escuchaban atentas. Eran bastantes normas.

-Las aulas se encuentran en la primera planta- siguió la secretaria-. Si tenéis alguna duda respecto a como llegar a las clases, solo preguntad. Si queréis salir a Londres, solo se podrá los fines de semana, sábados y domingos. Hay autobuses que salen desde aquí hasta la ciudad, uno por la mañana y otro por la tarde. Lo mismo si queréis hacer lo contrario. El uniforme será solo obligatorio de lunes a viernes, siempre y cuando haya clase. Si tenéis alguna duda, preguntad. Que disfrutéis vuestra estancia aquí.

Las chicas dieron las gracias y salieron.

-Son muy estrictos aquí- comentó Marta.

-Ya, sobre todo respecto a lo de los chicos- dijo Ángela algo desanimada.

-Tú lo que eres es una pervertida- rió Marta-. Venga, vamos a intentar subir todo este equipaje por las escaleras.

Subir todas las maletas fue tarea costosa, y tras casi diez minutos, llegaron a las que serían sus habitaciones. Estaban una al lado de la otra.

-Vamos a deshacer el equipaje, nos vemos al terminar.

Cada una entró a su habitación. Marta vio ante ella una pequeña pero acogedora habitación. En la pared enfrente a la puerta, había una ventana, y empotrada en la esquina, una cama. A la derecha había un armario, con un pequeño tocador al lado. Al lado de la cama, había una mesa de estudio. En el centro, había un pequeño puff de un color alegre. Marta dejó sus maletas junto a la cama y comenzó a deshacerlas. Le llevó bastante, dado que había llevado bastantes cosas. Por último, puso a cargar su ordenador y su teléfono móvil.

Encima de la mesa de estudio había un par de papeles. Uno era el horario de sus clases, junto con los días festivos, y el comienzo y el final del curso, y la otra era una hoja con las normas. Marta leyó las dos. Se llevó una pequeña desilusión al saber que las duchas eran las mismas para todas, al igual que los lavabos y váteres.

Miró la hora. Eran las nueve menos cinco. Qué rápido se le había pasado el día. Fue a por Ángela a su habitación, y juntas, bajaron al comedor.